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TUSTI DE LAS HERAS:
“Me gustaría explorar personajes más extremos”.

De la corte de Victoria Eugenia al universo Almodóvar: el gran año de Tusti de las Heras.

Recientemente estrenada la  serie de TVE Ena, la reina Victoria Eugenia, donde interpreta a Conchita Heredia  y tras rodar este verano bajo las órdenes de Pedro Almodóvar en Amarga Navidad, Tusti de las Heras vive uno de los momentos más bonitos de su carrera. Hablamos con ella sobre sus personajes, sus procesos y su mirada sobre la industria.

Interpretas a Conchita Heredia en Ena, la reina Victoria Eugenia. ¿Qué fue lo que te atrapó del personaje cuando leíste el guion?

Me atrapó que, aun siendo un personaje que no está en primera línea histórica, tiene una mirada muy humana hacia todo lo que ocurre a su alrededor. Cuando supe que el personaje era mío, me lancé a buscar todo lo que pude sobre ella. Me encontré con una mujer fascinante: libre, divertida, independiente y totalmente fuera de los cánones de su época. Viajaba mucho, traía discos de todas partes, fumaba, montaba a caballo, cantaba flamenco... y se codeaba con los hombres de tú a tú.

Entendí enseguida por qué Ena la adoraba: Conchita era luz. En una vida marcada por la tragedia, ella le aportaba alegría y complicidad. Aunque en la serie su historia aparece de forma más condensada, intenté que en cada escena se sintiera esa energía.

Además, me encantó poder mantener mi acento, porque Conchita era malagueña, y que el guion de Javier Olivares destacara que fue una de sus mujeres de confianza hasta el exilio. Es un personaje histórico, real, y eso siempre me impone respeto... y me apasiona.

¿Cómo te documentaste para darle vida?

Me empapé de todo lo que encontré: leí a Pilar Eyre, busqué información por todas partes, incluso en Wikipedia. También me acerqué al libro de Nieves Herrero por si ofrecía otra mirada. Luego trabajé mucho el guion y hablé largamente con nuestro asesor de época, Roger Bastida, que me ayudó a entender cómo vivían y se comportaban las mujeres de aquel tiempo.

Lo curioso es que de Conchita apenas existen fotos, solo una muy borrosa y otra en un viaje a Melilla. Al principio eso me frustró, pero luego lo viví como una libertad. Pude construirla desde la emoción, sin intentar imitar nada. Simplemente intentando sentirla.

La serie refleja un período histórico complejo. ¿Hasta qué punto te afectó emocionalmente ese contexto?

Mucho. Es una época donde, especialmente para las mujeres, casi todo estaba condicionado por el deber, la reputación y la mirada ajena. Interpretarlo te obliga a habitar esa falta de libertad, esa presión constante. Hubo días de rodaje en los que terminaba con el cuerpo cansado, aunque no hubiese hecho grandes movimientos, simplemente porque te sumerge en un corsé emocional muy intenso.

La estética de Ena es muy cinematográfica. ¿Te ayudó a la hora de encarnar a Conchita?

Muchísimo. El vestuario, el maquillaje, la luz... todo te coloca en un lugar muy concreto. Recuerdo la primera prueba de vestuario: al verme con la silueta, los corsés, los tejidos y la postura que te exige esa ropa, entendí a Conchita de otra manera. Es una estética que no solo embellece, sino que cuenta cosas. Te da una presencia, un peso, un mundo interior y cuenta cómo evoluciona el papel de la mujer en la historia.

¿Cómo describirías la relación de Conchita con Victoria Eugenia? ¿Hay alguna escena que recuerdes como especialmente significativa entre ambas?

Es una relación marcada por la lealtad y por una complicidad silenciosa. Conchita entiende a Ena más allá de su papel como reina; la ve como mujer, con sus fragilidades y sus dudas. No es una amistad en el sentido moderno, pero sí hay un vínculo profundo que se va fraguando en las pequeñas cosas.

En el viaje a París al exilio, Victoria Eugenia confía a Conchita “la Peregrina”, una de sus joyas más valiosas y míticas, y ella se encarga de protegerla. Lo más bello es cómo está contado: casi no se dicen nada, y en una secuencia cortita se transmite todo —el miedo, la preocupación, la importancia histórica de la joya, incluso su fama de “maldita”— de manera magistral.

Y todo esto potencia aún más la dirección de Anaïs, Pareto y Estel Díaz: la sensibilidad cinematográfica que imprimen, junto con la fotografía, convierte cada escena en un personaje por sí mismo. La maestría del guion y de la dirección hace que incluso un momento muy breve quede grabado y tenga todo el peso emocional de la historia. Es un privilegio poder interpretarlo.

¿Sientes que esta serie puede reivindicar figuras femeninas históricas que han quedado a menudo relegadas a los márgenes del relato oficial?

Sí, totalmente. La serie da visibilidad a mujeres históricas que a menudo han quedado relegadas al margen del relato oficial. Figuras como Conchita, pero también autoras y artistas que quisieron ser algo más que un objeto, como María Lejárraga o Carmen Angolotti, son un ejemplo de ello. Carmen, por ejemplo, tuvo un papel fundamental en el desarrollo de la enfermería en España, junto con la reina Victoria Eugenia, y fueron muchas las mujeres que iniciaron cambios importantes y que la historia apenas recuerda.

Además, necesitamos ver más ejemplos de mujeres que han alcanzado independencia económica y que, gracias a ello, han sido realmente libres. Y es un valor añadido que esta serie haya sido dirigida por dos mujeres, Anaïs y Estel: esa mirada femenina se nota en cada detalle y aporta otra perspectiva, contemporánea y necesaria, a la manera de contar la historia.

En el reparto coinciden actrices jóvenes y veteranas. ¿Qué te aportó esa mezcla?

Fue precioso. Las veteranas traen una sabiduría y una calma que te sostienen, y las más jóvenes aportan frescura y riesgo. Esa mezcla te obliga a estar muy despierta, a aprender y a disfrutar. En rodaje sentí una generosidad enorme por parte de todas.

Saltamos a Amarga Navidad. ¿Cómo reaccionaste cuando te confirmaron que trabajarías con Pedro Almodóvar?

Con una mezcla de incredulidad y gratitud absoluta. Es uno de esos momentos en los que te quedas en silencio porque necesitas asimilarlo. Luego ya vino la emoción, los nervios y la sensación de “vale, esto está pasando de verdad”. Me pilló en la ludoteca con mi hijo y muchos niños que estaban jugando, me puse a dar saltitos de alegría y todo el grupo sin saber de qué iba la cosa, se puso alrededor mía también saltando a la vez. La monitora creo que lo flipó, Luego pensé, pero es un personaje pequeño no te vuelvas ahora loca...Pero. Joder, es que es Almodóvar.

¿Qué te pidió para tu personaje?

Me dejó hacer y crear, hasta me atreví a improvisar y me lo compró. Fue muy generoso conmigo. Mucho. Eso sí, había que mantener la propuesta

en todo momento, cada plano con honestidad, incluso cuando es incómodo.

¿Cómo es el ambiente en un rodaje de Almodóvar?

Es un lugar donde se respira cine. Todo el equipo trabaja con un cuidado y una pasión increíbles. Hay rigor, pero también humor. Intensidad, pero también una sensibilidad que te arropa. Pedro crea un espacio donde te sientes acompañada. Son una familia que se conoce muy bien, se respetan y confían mucho.

¿Qué tono dirías que tiene Amarga Navidad sin desvelar nada importante?

Tiene esa mezcla tan almodovariana de belleza, ironía y emoción desbordada. Es luminosa y dura al mismo tiempo. Lleva a lugares muy profundos mezclando ficción y realidad.

¿Algún recuerdo especial del rodaje?

Todo fue especial de principio a fin. Verle aparecer ya es especial. Oír por primera vez su acción. Era un sueño, es un sueño. Se interesó mucho por saber de dónde venía mi nombre. En una toma con Milena Smit, me mira como esperando un gesto mío de aprobación y me salió espontáneamente una frase y oí una carcajada de Pedro y dejó que se quedara.

Como actriz andaluza, ¿sientes que en la industria hay más espacio para la diversidad de acentos y orígenes?

Sí, noto un cambio real. Cada vez hay más interés en contar historias desde distintos lugares y con distintas voces. Y eso es muy importante porque el acento forma parte de quién eres, no es un obstáculo. A mí me emociona ver cómo se abre camino una industria más plural y más honesta.

¿Qué te gustaría que el público descubriera de ti con estos dos proyectos?

Que me interesa mucho la verdad de los personajes, aunque estén envueltos en estética, época o ficción. Y que disfruto muchísimo del trabajo en equipo. Que soy una curranta. Ojalá el público vea la entrega, el respeto y el cariño con el que he abordado ambos proyectos.

¿Algún tipo de personaje que te gustaría abordar próximamente?

Me gustaría explorar personajes más extremos, tanto en comedia como en drama. Mujeres que se salgan de la norma, que sean incómodas, imprevisibles, que obliguen a arriesgar. Y también algún proyecto donde el cuerpo tenga un peso especial, algo más físico, más visceral.

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Fotos book Carlos Villarejo.

Fotos ENA Olga Martín.

Entrevista Ana López.

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www.analopezactores.com/tustidelasheras

608 77 08 44

(+34) 608 77 08 44​​

analopezactores@gmail.com
 

Ana López - Actores y Actrices
Agente artístico de actores y actrices.

Madrid - España.

 

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